sábado, 22 de junio de 2013
El cangrejo a veces se mueve hacia adelante.
Hoy es día de junio normal para 40 millones de españoles, pero es un día especial para Miguel, hoy ha perdido su casa, tras el desahucio realizado por 4 miembros de la guardia civil los cuales han expulsado a Miguel y a su familia de su piso de Las Morillas en Málaga, han sido tres horas de sufrimiento y de enfrentamientos entre la familia de Miguel y los miembros de stop desahucios contra los miembros de la guardia civil, los cuales han llegado a lesionar a Miguel al propinarle una patada en la cabeza después de que este se revolviera en el suelo mientras lloraba y se agarraba al quicio de su puerta gritando desconsoladamente para intentar evitar algo que ya de por sí era inevitable. La mujer de Miguel se ha llevado a sus dos hijos (Luis y Ana) al piso de la madre de esta, Miguel por su lado no ha dado señales de vida desde el medio día, ha apagado el móvil y ha comenzado a andar sin ningún tipo de dirección. Miguel entra a un chino de un barrio de Huelin para comprar una botella de ron, algo que para muchos no supondría más que una reacción desesperada por su situación pero que en el caso de Miguel llega a un extremo aún mayor puesto que había sido alcohólico durante 5 años de su vida, en los cuales estuvo apunto de perder a su familia y toda su vida al completo, pero salió de ese arroyo para volver a ver la luz, pero hoy un día de junio cualquiera la decisión de un juez, le ha hecho volver a llevar al ostracismo y ahora sólo encuentra una vía de escape en una botella de ron barato. Llega a la playa, y se sienta en la arena mientras mira como las olas rompen en la orilla y la espuma le mancha los zapatos, mientras tanto mira las fotos de sus hijos en su cartera, Luis sólo tiene dos años y Ana está a punto de cumplir ya siete años, derrepente caen dos lágrimas encima de las fotos de sus hijos, Miguel está llorando. Miguel abre la botella de ron y la observa, es como si un viejo fantasma de su pasado volviera a estar delante de él, épocas pasadas que vuelven a aparecer en su mente, Miguel ahora es un disidente emocional. Comienza primero con oler el ron, el olor del alcohol barato llega hasta sus pulmones, y entonces realiza el primero sorbo, el ron le quema la garganta, como antaño lo hizo, es como si le dispararán directamente en su corazón, es como si un gigante le pisara la cabeza, como si unas cuchillas le pasaran por la garganta y le rajaran el alma, es puro dolor, es la esencia de la muerte. En cuestión de unos diez minutos, Miguel ha terminado con la botella, al borde del coma etílico, comienza a adentrarse en el mar, siente como los peces se mueven entre sus piernas, como su amor propio se congela en ese agua, cuando llega al estómago, se da cuenta que aún tiene la cartera en su bolsillo, la coge y de ella saca las fotos de sus dos hijos, las cuales agarra con el puño y tira la cartera que se hunde en el mar, Miguel se hunde en el mar, se acabó, no quiere vivir, su sufrimiento podrá ser la salvación de sus hijos puesto que aún conserva una poliza de seguros de vida, que podría sacar a su familia de su situación, Miguel no quiere morir, pero prefiere morir él que ver morir a sus hijos, nadie sabrá jamás que el mismo fue quien decidió ahogarse en las profundidades de las aguas del meditteráneo, sus hijos jamás sabrán que dio su vida por ellos, su mujer jamás podrá saber lo que Miguel la amaba, pero serán libres de poder tener un futuro, un futuro basado en el sufrimiento y la muerte, pero un futuro al menos. Miguel finalmente se hunde en el mar, le encontrarán una semana después traído por la marea en una playa de Málaga, totalmente hinchado por la presión y lleno de algas, pero con el puño aún cerrado, el puño de la victoria, el puño del amor, el puño de la fuerza y de la esperanza, el puño que jamás debe abrirse ya que representa lo mejor de nosotros, nuestro coraje para luchar contra este sistema monstruoso, odioso y asesino, puño que traerá el futuro, el puño que traerá tanto a su familia como a todo la población mundial, un mundo justo al fin, el camino es siempre recto, pero a veces en ese camino hay que saber tomar decisiones para no ir de lado.
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