Me despierto una mañana de invierno más, la misma historia de siempre, mis cereales, las noticias, y unos deberes que no hice el día anterior y cuyo sentimiento me produce es de temor, ante la imagen de mi profesora de inglés meditando como torturar mi ya de por sí decaída alma estudiantil con uno de sus mordaces comentarios, sobre mi escritura o sobre la impertinencia que me caracteriza.
Me siento sobre mi cama, todavía quedan quince minutos para marcharme otra lluviosa mañana al instituto, empiezo a recordar mis largas experiencias durante estos meses, y la hipoteca sentimental que ahora llevo sobre mis espaldas, una hipoteca que jamás podré pagar, los poemas que nunca escribí, pero ahora viene a mi mente un concepto que escapaba a mi comprensión, puede ser que sea una especie de iluminado matutino, o alguna locura, o simplemente todo sea producto de que no quedaban Chocapics y he tenido que tomarme la maldita marca blanca del supermercado.
¿Qué ha pasado con la sociedad? ¿Quiénes somos los jóvenes? ¿Se basa mi juventud en ir a una discoteca cada fin de semana, para alcoholizar mis venas, y mantener relaciones sexuales con mozas de dudosa estima, pero de grandes pechos? Al fin y al cabo es a lo que estamos abocados ahora mismo, a una eterna historia posmoderna, sobre ¿Dónde ha quedado el romanticismo? ¿Por qué las mujeres dicen ser romanticas? ¿Han perdido el romanticismo? ¿Dónde está la vieja historia del Romeo y Julieta? Las féminas que lean esta entrada, me tildarán de machista asqueroso, y de los cabrones que somos los del sexo contrario, pero las cosas son clara, tenéis el poder más grande que podemos desear, el poder sexual, el poder que aporta un clitóris y dos glándulas mamarias que quieras o no, es más atrayente que cualquier cantidad de dinero del mundo, sois nuestras musas, el problema es que ahora las musas, se la chupan al David De Miguel Ángel,. y el David de Miguel Ángel, se pasa el dia en el gimnasio, machacandose el cuerpo, para presumir en los ambientes más lugrubes de una sociedad que se cae por si misma.
Mi madre golpea la puerta de mi cuarto, es hora de volver a empezar la rutina, y una frase ronda mi mente, "Los hombres somos las nuevas mujeres" Somos nosotros ahora los que tenemos que demostrar que amamos a la otra persona, porque históricamente hemos sido los cabrones que podían elegir a la que quisieran, ahora se ha dado la vuelta, y tenéis suerte, de que aún existamos chavales pseudopoetas y románticos, el problema es que luego la mamada se la lleva el intelectual neofreudiano llamado Ricky, metro noventa y con unos abdominales, que yo utilizaría para explotar cual pompitas del papel de embalaje, en fin, creo que ya ha cesado mi locura transitoria, mañana alguien leerá esto en el instituto, y dirá ahí va el desesperado, imbécil que se enamora demasiado, entonces yo os miraré y os diré, yo almenos sigo teniendo la boca limpia de semilla de proyectos de Mario Casas... Seguiré buscando a mi musa, porque aún existen las musas, mi musa morena, con la inocencia de una niña y que me haga sentir el más estúpido del mundo.
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